domingo, 15 de febrero de 2015

LAS ANTIGUAS HISTORIAS DEL QUICHÉ

LAS ANTIGUAS HISTORIAS DEL QUICHÉ

Esta es la historia de una doncella, hija de un Señor llamado Cuchumaquic.
Llegaron (estas noticias) a oídos de  una  doncella, hija de un Señor. El nombre del padre Cuchumaquic y el de la doncella Ixquic. Cuando ella oyó la historia de los frutos del árbol, que fue contada por su padre, se quedó admirada de oírla.
¿Por qué no he de ir a ver ese árbol que cuentan?, exclamó  la joven. Ciertamente deben ser sabrosos los frutos e que oigo hablar. A  continuación se puso en camino ella sola y llegó al pie del árbol que estaba sembrado en Pucbal-Chah.
-¡Ah!, exclamó, ¿qué frutos son los que produce este árbol? ¿No es admirable ver cómo se  ha cubierto de frutos? ¿Me he de morir, mee perderé si corto uno de ellos?, dijo la doncella.
Habló entonces la calavera que estaba entre las ramas del árbol y dijo: -¿Qué es lo que quieres? Estos objetos redondos que cubren las ramas del árbol no son más calaveras. Así dijo la cabeza de Hun-Hunahpú dirigiéndose a la joven. ¿Por ventura los deseas?, agregó.
-Sí los deseo, contestó la doncella.
-Muy bien, dijo la calavera. Extiende hacia acá tu mano derecha.
-Bien, replicó la joven, y levantando su mano derecha, la extendió en su dirección a la calavera.
En ese instante la calavera lanzó un chisguete de saliva que fue a caer directamente en la palma de la mano de la doncella. Mirose ésta rápidamente y con atención la palma de la mano, pero la saliva de la calavera ya no estaba en su mano.
-En mi saliva y mi baba te he dado mi descendencia (dijo la voz n el árbol). Ahora mi cabeza ya no tiene nada encima, no es más que una calavera despojada de la carne. Así  es la cabeza de los grandes príncipes, la carne es lo único que les da una hermosa apariencia. Y cuando mueren espantase los hombres a causa de los huesos. Así es también la naturaleza de los hijos, que son como la saliva y la baba, ya sean hijos de un Señor, de un hombre sabio o de un orador. Su condición no  se pierde cuando se van, sino se hereda (…) Esto mismo he hecho yo contigo. Sube, pues, a la superficie de la tierra, que no morirás. Confía en mi palabra que así será…


Tomado del Popol Vuh, segunda parte, Capítulo II.

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