Cómo se repartió el oro que hubimos, así de lo que dio el gran
Montezuma como de lo que se recogió de los pueblos, y de lo que sobre ello acaeció a un soldado
Lo primero se sacó
el real quinto, y luego Cortés dijo que
le sacasen a él otro quinto como a su majestad, pues se le prometimos en el
arenal cuando le alzamos por capitán general y justicia mayor, como ya lo he
dicho en el capítulo que de ello habla. (…) De manera que quedaba muy poco de
parte, y por ser tan poco muchos soldados hubo que no lo quisieron recibir; y
con todo se quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no
podíamos hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era
por demás; e otros soldados hubo que tomaron sus partes a cien pesos, y daban
voces por lo demás; y Cortés secretamente daba a unos y a otros por vía que les
hacía merced por contentarlos, y con buenas palabras que les
decía sufrían.(…)
Dejemos d hablaren
el oro y de lo mal que se repartió y peor se gozó, y diré lo que a un solado
que se decía Fulano de Cárdenas le acaeció. Parece ser que aquel soldado era
piloto y hombre de la mar, natural de Triana y del condado; el pobre tenía en
su tierra mujer e hijos, y como a muchos nos acaece, debería de estar
pobre, y vino a buscar la vida para
volverse a su mujer e hijos; e como había visto tanta riqueza en otro en
planchas y en grande de las minas e tejuelos y barras fundidas, y al repartir
de ello vio que no le daban sino cien pesos, cayó malo de pensamiento y
tristeza; y un su amigo, como le veía cada día tan pensativo y malo, íbale a
ver decíale que de qué estaba de aquella manera y suspiraba tanto; y respondió
el piloto Cárdenas: “¡Oh cuerpo de tal conmigo! ¿Yo no he de estar malo viendo
que Cortés así se lleva todo el oro, y como rey lleva quinto, y ha sacado para
el caballo que se le murió y para los navíos de Diego Velázquez y para otras
muchas trancanillas, y que muerta mi mujer e hijos de hambre, pudiéndolos
socorrer cuando fueren los procuradores con nuestras cartas, y le enviamos todo
el oro y plata que habíamos habido en aquel tiempo? (…)”.
Bernal Díaz Del Castillo
La verdadera conquista de Nueva España.
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