domingo, 15 de febrero de 2015

CÓMO SE REPARTIÓ EL ORO

Cómo se repartió el oro que hubimos, así de lo que dio el gran Montezuma como de lo que se recogió de los pueblos,  y de lo que sobre ello acaeció a un soldado

Lo primero se sacó el real quinto, y  luego Cortés dijo que le sacasen a él otro quinto como a su majestad, pues se le prometimos en el arenal cuando le alzamos por capitán general y justicia mayor, como ya lo he dicho en el capítulo que de ello habla. (…) De manera que quedaba muy poco de parte, y por ser tan poco muchos soldados hubo que no lo quisieron recibir; y con  todo se  quedaba Cortés, pues en aquel tiempo no podíamos hacer otra cosa sino callar, porque demandar justicia sobre ello era por demás; e otros soldados hubo que tomaron sus partes a cien pesos, y daban voces por lo demás; y Cortés secretamente daba a unos y a otros por vía que les hacía merced  por  contentarlos, y con buenas palabras que les decía sufrían.(…)
Dejemos d hablaren el oro y de lo mal que se repartió y peor se gozó, y diré lo que a un solado que se decía Fulano de Cárdenas le acaeció. Parece ser que aquel soldado era piloto y hombre de la mar, natural de Triana y del condado; el pobre tenía en su tierra mujer e hijos, y como a muchos nos acaece, debería de estar pobre,  y vino a buscar la vida para volverse a su mujer e hijos; e como había visto tanta riqueza en otro en planchas y en grande de las minas e tejuelos y barras fundidas, y al repartir de ello vio que no le daban sino cien pesos, cayó malo de pensamiento y tristeza; y un su amigo, como le veía cada día tan pensativo y malo, íbale a ver decíale que de qué estaba de aquella manera y suspiraba tanto; y respondió el piloto Cárdenas: “¡Oh cuerpo de tal conmigo! ¿Yo no he de estar malo viendo que Cortés así se lleva todo el oro, y como rey lleva quinto, y ha sacado para el caballo que se le murió y para los navíos de Diego Velázquez y para otras muchas trancanillas, y que muerta mi mujer e hijos de hambre, pudiéndolos socorrer cuando fueren los procuradores con nuestras cartas, y le enviamos todo el oro y plata que habíamos habido en aquel tiempo? (…)”.

Bernal Díaz Del Castillo

La verdadera conquista de Nueva España.

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