DEL FAMOSO TEMPLO DE TITICACA,
y de sus fábulas y alegorías
Capítulo X
Entre otros
templos famosos que en el Perú había dedicados al Sol, que en ornamento y
riqueza de oro y plata podían competir con el del Cozco, hubo uno en la isla
llamada Titicaca, donde está la isla, tomó el mismo nombre de ella, la cual
está de tierra firme poco más de dos tiros de arcabuz; tiene de circuito de
cinco a seis mil pasos, donde dicen los Incas que el Sol puso aquellos sus dos
hijos, varón y mujer, cuando los envió a la tierra para que doctrinasen y
enseñasen la vida humana a la gente barbarísima que entonces había en aquella
tierra. A esta fábula añaden otra de siglos más antiguos. Dicen que después del
diluvio vieron los rayos del Sol en aquella isla y en aquel gran lago primero
que en otra parte alguno. (…)
El primer Inca
Manco Cápac, favorecido desta fábula antigua y de su buen ingenio, inventiva y
sagacidad, viendo que los indios la creían y tenían el lago y la isla por lugar
sagrado, compuso la segunda fábula, diciendo que él y su mujer eran hijos del
Sol, y que su padre los habían puesto en aquella isla para que de allí fuesen
por toda la tierra doctrinando aquellas gentes, como al principio desta
historia se dijo largamente. Los Incas amautas, que eran los filósofos y sabios
de su república, reducían la primera fábula a la segunda, dándosela por
pronóstico o profecía, si así se puede decir.
Decían que el haber echado el Sol en aquella isla sus primeros rayos
para alumbra el mundo, había sido señal y promesa de que en el mismo lugar
pondría sus dos primeros hijo para que enseñasen y alumbrasen aquellas gentes,
sacándolas de las bestialidades en que vivían, como lo habían hecho después
aquellos reyes. (...) Por estas dos fábulas tuvieron los Incas, y todos lo de
su imperio, aquella isla por lugar sagrado, y así mandaron hacer en ella un
riquísimo templo, todo aforrado con tablones de oro, dedicado al Sol, donde
universalmente todas las provincias sujetas al Inca ofrecían cada año mucho oro
y plata, y piedras preciosa, en bacinamiento de gracias al Sol por los dos
beneficios que en aquel lugar les había hecho.
Inca Garcilaso de la Vega
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