domingo, 15 de febrero de 2015

EL DORADO

EL DORADO

El rey de Guatavita cayó  enamorado de una joven mujer de la tribu vecina. La esposó y tuvieron una hija. Pero, poco a poco, el rey se dejó llevar por el libertinaje, engañando y olvidando a su esposa. La mujer, sintiéndose abandonada cayó en la desesperación. Un día, en una gran fiesta, la reina se enamoró de joven guerrero que correspondió a sus sentimientos. Enamorados, comenzaron a exhibirse mofándose de la vigilancia del rey. Estos encuentros ilegítimos terminaron por ser conocidos por aquel, que no tardó en sorprenderlos. Así guerrero fue hecho prisionero y sometido a terribles torturas, hasta que le fue arrancado su corazón antes de empalarlo.
Esa misma noche se organizó una gran fiesta en honor de la soberana, en la que se le ofreció un plato refinado, el corazón de un animal salvaje. La reina, luego de mirarlo con desconfianza, descubrió  con horror que se trataba  del corazón de su amante. El ambiente festivo dejó lugar a un gran silencio cuando resonó el grito de terror de la reina. Con la palidez de la muerte reflejada en su rostro y su propio corazón maltrecho, fue a buscar a su hija antes de hundirse en las tinieblas. Sin reflexionar un solo instante, se arrojó junto con ella en la laguna sagrada de Guatavita.
Los sacerdotes se apresuraron a transmitir la noticia al monarca ebrio que, loco de dolor, corrió a la laguna comprendiendo cuánto amaba a esta mujer y cómo antes lo había hecho feliz. Entonces, ordeno recuperar el cuerpo de su esposa. Los sacerdotes, luego de buscar en la laguna, le revelaron que la reina vivía feliz en una casa submarina con una serpiente que estaba enamorada de ella. Angustiado, el rey reclamó que le trajeran al menos a su hija. Los sacerdotes la trajeron y pudieron constatar que ella no tenía los ojos. Entonces decidió devolverla a  su madre.
El rey, inconsolable, perdonó a su esposa prometiéndole ofrendas para que tuviese en el más allá la dicha que había conocido a su lado. Los sacerdotes, los intermediarios entre los hombres y la diosa de las aguas (la  antigua reina), vivían en el borde de la laguna esperando su próxima aparición.


Leyenda chibcha

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